La huerta de la abundancia, la huerta del despilfarro

El otro lado de la cadena

Pasamos mucho tiempo dándole vueltas a cómo cambiar el sistema alimentario en nuestras ciudades. Este verano en  ElCasc coordinamos el taller Mirar, conocer, comer, que nos dio la oportunidad de ir a conocer el otro lado de la cadena, el de la huerta productivista que llena las baldas de los supermercados urbanos.  Fue en Villena, un pueblo con extensa área de producción hortícola, en el que, con la crisis, la agricultura se ha convertido en sector refugio y aporta el 20% del PIB del municipio.

¿La huerta de la abundancia?

 Villena no se entiende sin su huerta, su Huerta histórica, que presume de ser de origen musulmán, y su Huerta de colonos con regadíos de principios del XIX. Un paseo por sus huertas con agricultores locales (José Manuel de la Cooperativa y Rafa, agricultor agroecológico) nos permitió conocer de primera mano algunos de los sinsetidos que genera el actual sistema productivo.  A la vista de las cifras de producción hortícola, pudiera parecer que nos encontramos ante una de esos territorios de la abundancia, fértiles y pródigos. Pero es una abundancia que se basa en la sobreexplotación del territorio y que se inserta en un modelo extremadamente despilfarrador.

Lejos quedan los sistemas históricos de gestión del agua, muy ingeniosos, con una malla de acequias y adarves que recirculaban el agua hasta siete veces, reintegrándola al sistema hídrico. Se ha impuesto un sistema supuestamente más eficiente, con goteo programado. Pero lo que se vende como eficiencia significa en realidad romper el ciclo hídrico y no evita la sobreexplotación. El acuífero, que otrora se encontraba a pocos metros de la superficie, ha descendido hasta los 500-600 metros (con todos los problemas de salinización y agotamiento de recursos que eso acarrea). Los gastos energéticos del bombeo se quieren solventar con una inmensa central fotovoltaica. Aun reconociendo el valor de intentar explorar vías de energías alternativas, resolver el problema energético no va a solucionar ni mucho menos, el problema más básico y esencial, del agua, un recurso cada vez más preciado.

La huerta del despilfarro

Y esta agricultura intensiva, por encima de la capacidad de carga del territorio ¿para qué? Para acabar descartada en una buena proporción. Descartada por no adecuarse a los estándares estéticos y de calibre que fijan las grandes empresas alimentarias, en este caso Mercadona. Descartada por no ajustarse tampoco a los calibres y estándares de la industria. El ejemplo paradigmático, en esta tierra, es la zanahoria. El 40% de la producción acaba fuera del circuito, demasiado irregular y “fea” para los ojos de consumidorxs, también estandarizados, que buscan en las bandejas del super la zanahoria recta y perfecta. Y demasiado irregular también para ser procesada, cortada y preparada como zanahoria congelada, o licuada en zumo. Las máquinas en las fábricas necesitan materia prima homogénea.

El sinsentido de este sistema de producción y consumo nos animó a plantearnos para el año que viene un festival de arte-denuncia, junto con el fantástico equipo de El Fabricantes de Spheres, organizadores de ElCasc. ¡Porque la curva es bella, también en la zanahoria! Ojalá seamos capaces de llevarlo a cabo.

 

Reconduciendo el sistema

Mientras, concejal de Medio Ambiente y Agricultura de Villena nos fue contando sus muchos y muy buenos planes y realizaciones para reconducir el sistema: Mercados de la tierra, bancos de tierra, trabajo en SPG de la Xarxa Valenciana, agricultura como facgtor de identidad con rutas de la tapa, Parque Agrario, glifosato prohibido (en terrenos públicos), huertos, plan de áreas de transformación de la producción sobrante, trabajo comarcal para compartir recursos y estrategias, consejo agrario, incorporación de la producción local en escuelas, hostelería, tiendas mercados… Todo con el objetivo de evolucionar desde el productivismo hacia la agroecología.

Una última consideración, ahora que todas hablamos de relocalizar la alimentación. No podemos olvidar que la capacidad de producción de Villena va más allá de proveer de alimentos a su propia población. Seguirá habiendo áreas abastecedoras y áreas consumidoras, pero podemos cambiar las relaciones urbano rurales para que no sean de sometimiento-dominación

 

El arte-que-denuncia, el arte-que-ingenia

Dimitris, Fiona, Grace, Kate, Lucía, Lily, Pavlos y Raul. Y nosotras… Ana, Marian, Nerea. Nos juntamos artistas, diseñadoras, paisajistas, arquitectas y urbanistas. Nos encontramos en el corazón de un sistema productivo que es un auténtico despropósito y de ese extrañamiento ante una realidad absurda, nos salió un ejercicio de arte denuncia. El video cuenta el proceso a retazos. Nos quedan las ganas de seguir con el tema, preparando otro evento en torno al despilfarro alimentario. Porque estamos convencida de que, frente a la homogeneidad y estandarización que nos impone el modelo productivo, la diversidad es hermosa. Y juntas podemos contarlo de una manera también hermosa, llamar la atención, invitar a pensar… y cambiar juntas este sistema absurdo y doliente para el planeta y para todas las personas a las que expulsa fuera.

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